Parte de tus gastos actuales, los aumenta hasta el año de jubilación, calcula los años que deben cubrirse y descuenta la pensión pública prevista.
El resultado depende de los datos introducidos. La edad de jubilación pesa especialmente: cambiarla cinco años puede mover el objetivo más que muchas decisiones de aportación.
Porque reúne dos o tres décadas de gastos en una cifra futura. Un millón para treinta años son unos 33.000 al año antes de la pensión pública: unos ingresos normales, no una fortuna. La inflación también eleva mucho la cifra nominal.
Sí, con prudencia. Es una fuente real de ingresos e ignorarla puede inflar mucho el objetivo. Inclúyela a valor actual, sin suponer que crece con tu salario, y revisa el plan si cambian las normas.
Entre el 2 % y el 3 % es un intervalo habitual de planificación en EE. UU., cercano al objetivo de la Reserva Federal. La coherencia importa: mezclar rentabilidades reales y nominales puede distorsionar mucho el resultado.
Añade cinco años de aportaciones y crecimiento y elimina cinco años de retiradas. Ese efecto triple puede pesar más que un cambio moderado en la aportación mensual.
Son enfoques próximos. El objetivo pregunta qué capital necesitas. La proyección comprueba si tu plan te permite alcanzarlo y muestra la diferencia. Usa ambos para definir la meta y revisar el camino.
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Basado en la fórmula de jubilación de Deco: los gastos y la pensión prevista crecen con la inflación elegida hasta la edad de jubilación. La diferencia mensual es lo que deben cubrir los ahorros. Los años a financiar son la esperanza de vida menos la edad de jubilación, así que jubilarse antes implica financiar más años. La diferencia sigue aumentando con la inflación durante toda la jubilación y se suman todos esos años. Es una estimación simplificada, no asesoramiento financiero: no incluye impuestos ni rentabilidad de las inversiones antes de jubilarte. Tus cifras no salen del navegador.